lunes, 20 de julio de 2015

BAILANDO CERCA DE ‘EL LEÓN’

Eran las 2:00am y la gente ya se impacientaba; acabaron los merengueros y el reguetonero y faltaba el artista central. Por fortuna estaba todo alineado para que fuera una gran noche, buen clima, excelente sonido, la lluvia se había ido, la gente muy animada, las ‘chelas’ bien frías y la ansiedad a flor de piel, esa que, como dice el ‘loco’ Higuita, lo pone a uno ‘nervioso bacano’.

Me dieron la señal y me trepé a la tarima para saludar, hice una breve reseña y luego tomé aire para pegar un grito tremendo: “…con ustedes, y desde Venezuela, el faraón, el sonero del mundo, el que más ruge, el león de la salsa… señoras y señores, Óscar D’ León…” ufff, me salió del alma y retumbó en una avenida repleta de gente, no sé a ciencia cierta cuántos barranqueños había esa noche en la Av. del Ferrocarril, lo único que recuerdo es que la tarima estaba en la carrera 24 y la masa llegaba casi hasta el viejo “Gachaneque”.

La orquesta le hizo una entradilla sensacional, un popurrí de sus melodías más importantes, casi cuatro minutos… luego el hombre se subió, cantó, bailó, tocó su baby bass con esa magia sin igual. En verdad algunos dicen que el hombre como bajista, es buen cantante; en cambio otros destacan su habilidad para tocar, cantar, derrochar sabrosura, sonear y bailar… ¡¡¡yo me quedo con esa!!!

Llorarás, Siéntate ahí, La mano, Detalles, ¿Por qué será?, Yo quisiera, Mi bajo y yo, Calculadora, Padre e hijo, Melao de caña, A él, Sigue tu camino, Mata siguaraya, Bonito y Sabroso, y creo que un par de temas colombianos, hicieron parte del repertorio de esa noche barranqueña. Ni siquiera el par de borrachitos que no faltan, pudieron empañar su impecable presentación.

Quien lo llevó por orden de la Alcaldía Municipal de Barrancabermeja no daba crédito a lo que sus ojos veían esa noche, el derroche de energía de Óscar era impresionante, ¡y eso que hacía unos meses había sufrido un doble infarto! “Este tipo es un caballo”, recuerdo que me susurró al oído mientras veía embelesado al salsero. “¿Y qué esperaba? Es salsa, mi viejo… es Óscar D’ León”, le dije en tono casi revanchista. Si no es porque los músicos se le bajaron como a las 4:30am, quién sabe qué hora nos hubiera dado escuchándolo cantar.

Cinco meses después nos volvimos a ver, esta vez en Bucaramanga. Lo esperé casi cuatro horas, su vuelo tuvo un retraso, la aduana no le ayudó mucho en el proceso de inmigración, los instrumentos de la orquesta se demoraron un poco y el genio no estaba como para conversar con nadie. Pero yo llevaba un buen tiempo también esperando y no estaba dispuesto a irme con las manos vacías.

Recuerdo que el empresario que lo trajo me regañó en el lobby del hotel, me increpó por querer hablar un par de minutos con el cantante. Literalmente me pegó un vaciadón de padre y señor mío, que a la recepcionista le dio pena ajena. Yo sólo atiné a decirle que por lo menos le preguntara si me podía atender, pues así como él estaba cansando del viaje, yo también lo estaba de esperarlo… pero estaba ahí, aguardando.

El lío con el personajillo quedó resuelto cuando salió Oswaldo Ponte, su manager, atraído por los gritos del irrespetuoso don nadie, y me dijo que no me hiciera mala sangre con el ‘sifrinito ese’, que ya le preguntaba al maestro si me podía atender, aunque fueran unos minutos. De pronto Ponte se me quedó mirando y me dijo, “Chamo, yo te conozco de alguna parte… Chico, ¿no fuiste tú quien nos presentó en Barrancabermeja hace unos meses?”, y ante semejante muestra de retentiva, que además de hizo sentir un fresquito, sólo atiné a decir un entrecortado ‘Sí, soy yo’…

Me agarró de la mano y me dijo, “vente pa’ dentro, ya le digo a Óscar que te atienda”, y pasé al comedor del hotel. Allí estaba el maestro, sentado, leyendo, muy tranquilo, pero se le notaba en su rostro el cansancio del viaje y la preocupación por haber llegado tan tarde a la ciudad, quería hacer un show bien especial y temía que el trajín le llevara a pasar un mal rato. Yo le dije, “usted es un león, usted es el León, no se afane por eso” y soltó una risotada que de una vez distensionó el rato.

Conversamos informalmente unos 20 minutos y luego grabamos casi 15, suelto, relajado y con la franqueza que siempre le ha caracterizado; esa noche conocí al ser humano, al hombre que está detrás de un gran nombre forjado a pulso, al topógrafo que, a pesar de haberse graduado, no ejerció por culpa de la música, cambió el teodolito y las estacas por las notas y el babby.

Esa noche Óscar no cantó todo lo que quería cantar ni lo que la gente esperaba, pues sólo tenía 50 minutos para hacer su presentación, sin contar que además de su actuación, el cartel anunciaba a siete agrupaciones más, pero ninguna de ellas salsera, eran vallenatos y reguetón. Sé que se bajó de la tarima muy frustrado, se le notaba en la cara, pues no lo dejaron derrochar la energía y conectarse con el público que había ido a escucharlo cantar.

Ojalá más temprano que tarde podamos ver de nuevo a Óscar D’ León en Bucaramanga, la ‘ciudad bonita’ se lo merece, los salseros de la región se lo merecen y el mismo Óscar se lo merece. Ya son 72 almanaques deshojados… Feliz cumpleaños, maestro D’ León.

CAJA BIOGRÁFICA
Oscar Emilio León Somoza: Óscar D’ León, El Sonero del Mundo:

Nació el 11 julio de 1943 en Antímano, Caracas, (Venezuela). Cantante, compositor y bajista, uno de los fundadores de ‘La Dimensión Latina’, luego formó ‘La Salsa Mayor’ y ‘La Crítica’, para finalmente organizar su propia orquesta. Una de las leyendas vivientes de la salsa mundial.

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