El periodista salsero venezolano
Júnior Lozano, publicó recientemente una nota donde Gilberto Santa Rosa, ‘el
caballero de la salsa’, deja ver su admiración
y la influencia que Chamaco Ramírez tuvo en el crecimiento de su talento
y estilo para cantar, especialmente a la hora de sonear, ese ‘arte’ de frasear
e ir soltando versos al ritmo de lamelodía o acompañado por una buena banda.
Hoy compartimos ese escrito de la mano de Gilberto.
“Uno de mis soneros favoritos, sin lugar a
dudas, es nada más y nada menos que Chamaco Ramírez. Su
sabrosura callejera, su dominio de la clave y su picardía a la hora de inspirar
fue lo que captó mi atención desde que lo escuché por primera vez y,
automáticamente, hizo que me convirtiera en su admirador.
En sus primeras grabaciones, que me encargué
de conseguir tan pronto tuve conocimiento de su talento, se pueden escuchar
claramente las influencias de Tito Rodríguez e Ismael Rivera mezcladas con su
talento innato. Escuchar a Chamaco es transportarse a la escena de lo que esté
cantando; pues tenía esa habilidad que solo tienen unos pocos: cantar como si
estuvieran hablando, invitándote a participar del cuento.

Escuche usted temas como: Trucutú, Adiós,
Puerto Rico, El Títere, Evelio, Pa’ alante otra vez”, Planté bandera, Los
provincianos, Como Novela de Amor (donde solo sonea) y se dará cuenta de su
genialidad. Para el año 1979, pasé a formar parte de la “Primerísima”, luego de que
otro de mis favoritos, Simón Pérez, dejara la orquesta. Para mi gran sorpresa y
satisfacción, me enteré que Olivencia organizaba el aniversario de la orquesta
y reuniría para la ocasión a todos sus cantantes. Tremendo notición; ¡vendría
Chamaco Ramírez!
Llegó el día tan esperado… el primer ensayo.
Allí estábamos todos: Paquito Guzmán, Lalo Rodríguez y el más esperado por
todos… Chamaco. Para esa época él había grabado lo que resultó ser su última grabación:
Alive and Kicking. Esa me la aprendí como si fuese mía. Ahí estaba el maestro,
derrochando naturalidad y experiencia. El hijo de Mercedes y Ramón dando la
clase y el hijo de Ana María y Gilbert escuchando, aprendiendo y gozando al ver
a uno de sus ídolos en vivo y a todo color.
No dejé pasar la oportunidad y me hice una
foto con él; foto que hoy día atesoro como uno de mis recuerdos más preciados. Días después, lo
acompañamos a su barrio Quintana. El trato hacia mi persona y hacia mi querido
padre fue el de alguien que conoces de toda la vida, aunque apenas lo habíamos
conocido hacía dos días. Por esas vueltas de la vida y de este oficio de la
música, me retiré de la orquesta de Olivencia para pasar a la de Willie
Rosario. Mi última presentación fue en las fiestas patronales de Bayamón y
Tommy llevó de sorpresa a Chamaco para dar la noticia de que, desde esa noche
en adelante se reintegraba a la orquesta.
Tan pronto cantó las primeras notas de Planté
bandera, el entusiasmo del público se tornó en histeria. Los que no
estaban cerca de la tarima corrían buscando acercarse y tener una mejor
posición para ver a “la banda y el guarachero que la gente esperaba”, y los que
estuvimos allí, “estábamos hechos”. Chamaco se quedó en Puerto Rico una corta
temporada. Luego emprendió su viaje a Nueva York para nunca regresar; dejando
proyectos inconclusos y el vacío entre sus fanáticos. Lamentablemente, su vida
personal fue el mayor obstáculo para lograr el éxito y el sitial que su talento
merecía.
Uno de mis favoritos y mis maestros soneros, para
mí, uno de los más grandes. Lo admiré, aprendí de él y gracias a las
bendiciones que he recibido en este oficio… conocí a Chamaco. ¡Camínalo!”
Comentarios